John Eliot Gardiner levanta expectación por donde pasa, y es que tiene muchos puntos a favor para ello: a su probada eficacia y sabiduría en varios repertorios se le une el hecho de ser uno de aquellos abanderados del historicismo que sentaron cátedra durante muchos años respecto a estilo interpretativo, modernizando un punto de vista que quiso justificarse en palabras como "original", "fidelidad", etc., y que no constituyó otra cosa que una corriente de referencias rabiosamente acomodadas, perfectamente insertadas en el estilo general de entender la música de los 60 y 70 —la contrarreforma postbélica una vez recuperadas estructuras físicas e intelectuales, que cuajó, como es normal en todo lo que va a favor de corriente, e hizo, en general, mucho bien a infinidad de obras, sobre todo una vez se fue superando la rigidez impuesta por…
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