En múltiples oportunidades nos hemos quejado de que, en algunas interpretaciones actuales, algunos directores de orquesta tienden a parecerse demasiado en su literalidad con la excusa del respeto a lo escrito, lo que en gran medida esconde falta de capacidad interpretativa-creativa con respecto a la base escrita y, sobre todo, falta de horas de ensayo: hoy las horas de trabajo se calculan con inaudita precisión, lo cual, aunque pequemos de políticamente incorrectos, ciertamente flaco favor hace a la música, ante todo si comparamos los resultados con los de aquellos "directores dictadores" de antaño. En la actualidad seguramente no hay peores directores que entonces, sino que tienen menos tiempo, y eso también influye en su propia concepción de la música. Afortunadamente a este respecto, no parece ser el caso de la versión de la Sinfonía…
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