Discos

Viardot, mucho más que la hermana pequeña de la Malibrán

Raúl González Arévalo

miércoles, 2 de mayo de 2007
Pauline Viardot and Friends. Canciones de Pauline Viardot: Dve rozy, L’absence, Berceuse, Le chêne et le roseau, Utës, Die Sterne, Scène d’Hermione, Sinitsa, Indécision, Allein, En mer, Buria, C’est moi, Ici-bas tous les lilas meurent, Zaklinanie, Havanaise; Manuel García: Celos; Gioacchino Rossini: La regata veneziana; Charles Gounod: Chanson de printemps; Giacomo Meyerbeer: Délire; Fryderyk Chopin: Berceuse; Hector Berlioz: La captive. Frederica von Stade (mezzosoprano), Anna Caterina Antonacci (soprano), Vladimir Chernov (barítono), David Watkin (violoncello), David Harper (piano), Fanny Ardant (narradora). Chris Braclik, ingeniero de sonido. Dos discos compactos (DDD) de 83 minutos de duración, grabado en directo en el Wigmore Hall el 27 de febrero de 2006. Opera Rara ORR240. Distribuidor en España: Diverdi

La figura de Pauline Viardot está siendo revalorizada últimamente por la musicología más vanguardista. No se trata sólo de la benjamina de esa familia extraordinariamente musical que fueron los García: el padre, Manuel García, tenor que estrenó papeles rossinianos y compositor de éxito; su hermana María Malibrán fue una de las grandes divas del primo Ottocento, y su hermano Manuel, tenor como su padre, fue un reputado enseñante de canto, escribió tratados que siguen siendo fundamentales e inventó el laringoscopio. ¿Y Pauline?

A la muerte de su hermana se convirtió en su heredera de alguna forma. De voz básicamente mezzosopranil (ahí está el estreno de ‘Fidès’ de Le prophète de Meyerbeer, la recreación del Orphée de Gluck en versión de Berlioz, la Sapho de Gounod y las recreaciones privadas de ‘Dalila’ del Samson et Dalila de Saint-Saëns), su extraordinaria técnica le permitió empujar la voz hacia el agudo, asumiendo papeles de soprano corta (Alceste de Gluck, ‘Cassandre’ y ‘Didon’ en funciones privadas de Les Troyens con el propio Berlioz), soprano dramática de agilidad (Norma) y sin ella (‘Isolda’ frente al ‘Tristán’ del propio Wagner en privado) e incluso papeles de lírico-ligero como Lucia di Lammermoor. Con semejante repertorio, y a pesar de la técnica extraordinaria, no es de extrañar que la voz se resintiera y a los cuarenta y dos años, tras veinticinco de carrera, se retirara.

Entonces pudo dedicarse a su otra pasión, la composición. Estaba rodeada por un brillante círculo de intelectuales, que incluía músicos de la talla de Brahms, Schumann, Fauré, Chopin, Massenet o Chaicovsqui, además de los ya citados; pero también escritores como Alfred de Musset, George Sand, Charles Dickens o Henry James. Entre todos ellos la Viardot brillaba con luz propia como autora con personalidad acusada; de hecho, escribió cientos de canciones -algunas tomando como base la mazurcas de Chopin, por ejemplo- preferentemente en italiano, francés, español y ruso, cautivadoras por la inventiva melódica y la delicadeza y la adecuación a los textos a los que sirven. En este sentido resultan especialmente llamativas las canciones sobre textos rusos, país en el que obtuvo importantes éxitos personales y cuya cultura amaba y conocía a través de su estrecha relación con Iván Turguenev.

Opera Rara dedica su décimo volumen de la colección Il Salotto a esta extraordinaria artista con una serie de canciones inéditas de la autora (salvo la ‘Havanaise’, aquí presentada en un precioso arreglo para tres voces), enmarcadas por otras de autores fundamentales en su vida: García, Rossini, Gounod, Meyerbeer -cuyo repertorio de canciones está por descubrir- y Berlioz. Resulta difícil destacar unas piezas sobre otras, tal es su calidad y la diversidad de su espíritu. La presentación está muy bien hilvanada con comentarios breves de la gran actriz francesa Fanny Ardant sobre la vida de la protagonista y, con cierta socarronería, sobre sus amores.

Frederica Von Stade ha perdido brillo en la voz, pero sigue siendo una cantante encantadora que domina el estilo. Lo demuestra con creces su recreación de ‘La captive’ de Berlioz o la escena de Cendrillon de Viardot (completa en el tercer volumen de la serie, ya comentado en Mundoclasico.com, ver comentario), ella que fue una gran ‘Angiolina’ rossiniana y ‘Cenicienta’ de Massenet.

A Anna Caterina Antonacci se reservan los desempeños más complicados por tesitura y temperamento dramático, destacando en Celos (y no es la única con un inequívoco aire español) y sobre todo la Scène d’Hermione, como cabía esperar de una gran ‘Ermione’ rossiniana y de una dominadora de escenas trágicas como la Muerte de Cleopatra de Berlioz (su debut en La Scala en otoño pasado, también recogido en Mundoclasico.com, ver comentario). La cantante italiana brilla por el dominio de la palabra y la musicalidad que imprime a todas sus actuaciones.

Vladimir Chernov destaca en las canciones rusas, que canta con enorme sentimiento y nobleza, con una voz robusta pero no pesada, perfectamente adecuada al empeño asignado. Por último, David Harper se demuestra una vez más un gran pianista acompañante, sabiendo crear atmósferas en función de cada pieza, dirigiendo a los cantantes sutilmente.

Como siempre, hay unas excelentes notas introductorias sobre la Viardot (en inglés, francés, alemán e italiano) y los textos de cada una de las piezas, todos con traducción al inglés. Quizás hubiera sido deseable incluir también los textos leídos por Fanny Ardant, sobre todo para aquellos lectores que tengan mejor comprensión escrita que auditiva del inglés. Por lo demás, encima resulta que son dos discos por el precio de uno…

Este disco ha sido enviado para su recensión por Opera Rara

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