Estos dos discos compactos nos traen una de las obras instrumentales cumbre de Bach. Y no obstante sorprende que éstas no se conozcan mayormente. Hay un sencillo motivo para ello: tocadas en un violín moderno acompañado por piano no resultan sonoramente atractivas, porque en su mayoría se trata de movimientos para tres voces –una del violín y dos para cada mano en el clave–, cuya nitidez y equilibrio son imprescindibles para que estas maravillas contrapuntísticas surjan en todo su esplendor. Para ello, la sonoridad del violín moderno dista demasiado del piano. Felizmente, las condiciones para un pleno disfrute se cumplen estrictamente en esta grabación: Montanari toca en un violín -sin modificar- de Hendrick Jacobsz (Amsterdam) de 1680, y Rousset en un clave de Guillaume Hemsch de 1763. Con ello se cumplen las ideas sonoras de Bach, y…
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