Con este concierto, La Sinfónica de Euskadi quiso rendir homenaje a uno de sus compositores más queridos, el recientemente fallecido Anton Larrauri, mediante la programación de una de las obras representativas de su faceta más clásica: Soiñua para violoncelo y orquesta, estrenada por Victor Pablo Pérez en el Festival de Canarias de 1982. El movimiento, no obstante su fluidez melódica, no es una obra brillante: excesivamente convencional en su concepción y bastante repetitivo en su desarrollo, solo sorprende por un corte dramático hacia el final de la obra que se queda en agua de borrajas al no verse afianzado en la estructura global de la obra, debido a su excesiva brevedad y lo indeterminado de su evolución. La orquestación peca de masificación sonora, no por el empleo de dinámicas fuertes, sino porque toda la plantilla instrumental es…
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