Parece que la Orquesta Sinfónica de Chicago y el que es su nuevo director principal desde la presente temporada 2006-07, el holandés Bernard Haitink, se entienden bien. Cuando una orquesta se encuentra entre las mejores del mundo el trabajo del director se facilita por un lado, pero, por otra parte, éste debe poseer la habilidad y poder de convicción necesarios para aunar criterios y dirigir el trabajo de un numeroso grupo de excelentes músicos que son solistas cada uno de ellos en su instrumento. Haitink, avalado por una larga carrera internacional que ya va por su quinta década, dirige con un porte aristocrático, serio, refinado y elegante, pero sin perder esa naturalidad que sólo se consigue tras muchos años en el oficio.
El concierto se inició con la Obertura ‘Coriolano’, una pieza que, a pesar de su brevedad, contiene la esencia del…
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