La diferencia de principio entre la actitud de las hermanas Labèque y la de la gran mayoría de los artistas clásicos estriba en que Katia y Marielle venden una imagen fresca, moderna y actual, muy comercial y contraria por completo a la pose de espiritualismo sublimado y aburridamente burgués que promocionan el noventa y nueve por cierto restante de pianistas. Ellas son guapas y lo saben, les gusta la sofisticación, vestir trajes de diseño y dar un carácter visual, no sólo musical, a sus recitales; pero no debemos olvidar que también son, en definitiva y ante todo, estupendas pianistas, de un estilo peculiar, algo forzado en su búsqueda de una espectacularidad a menudo facilona, pero de probado éxito en las más importantes salas del mundo.El programa que trajeron a San Sebastián, y que curiosamente –o no, por todo lo dicho anteriormente-…
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