La primera función, el 5, fue dedicada a Beverly Sills, intérprete histórica del rol y recientemente fallecida. Con todos los perdones, la Fleming me parece más adecuada que ella. Por empezar, tiene ese timbre de oro, terciopelo y miel que es tan típico -y tan raro siempre- en la mejor soprano massenetiana. La cantante se mantiene imbatible en esta gira europea de la que París (reseñada anteriormente) y Barcelona son las etapas extremas. Sin partitura, siempre vestida de forma elegante e imponente, parece cada vez más segura en lo vocal y en lo ‘escénico’. Incluso en esos temibles agudos que estarían fuera de su tesitura normal y que, estoy seguro, consigue a base de técnica y trabajo. El estilo es extraordinario, el sonido homogéneo y bellísimo -los filados, qué filados- y esos graves a veces un tanto apoyados y no siempre bellos han…
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