En la década de 1780 se produjo la consolidación definitiva de Haydn como el compositor más popular de Europa. Sus obras eran publicadas simultáneamente en Berlín, Londres, Lyon, París, Viena y otras ciudades y recibía los encargos más sorprendentes, como el que dio origen a las Sinfonías de París en 1785, procedente del Conde D'Ogny, miembro de una familia que había practicado tradicionalmente el mecenazgo musical. En 1782, D'Ogny patrocinó la fundación de los Conciertos de la Logia Olímpica, que disponían de la mejor orquesta de París: cuarenta violines, diez contrabajos y vientos a dos, una plantilla considerablemente mayor que la habitual en las orquestas de las cortes provincianas austro-germánicas y desmesurada en comparación con la pequeña orquesta de la que disponía Haydn en el palacio de Esterháza: 1 flauta, 2 oboes, 2 fagotes,…
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