Quizá fue por miedo a encontrarse con música electrónica y toda suerte de experimentos que el aforo del Auditorio de Galicia no registró más que un medio lleno que contrasta, sin embargo, con el atractivo que en otras ocasiones ejercen Weill y Korngold sobre el público. El concierto tenía como título Música degenerada, lo que pudo arredrar a aquellos que no establecieron la relación entre arte degenerado y música del mismo tipo. Y claro, si Goebbels dijo que es degenerada, algo bueno debe de tener, y así es. La fiesta musical estaba servida. Por una parte se contaba con la camaleónica Real Filharmonía de Galicia –orquesta capaz de lo mejor y de lo peor en períodos de tiempo muy cortos–. Por otra, con el siempre atractivo Edmon Colomer que se erige en uno de los directores españoles más comprometidos con la música del siglo XX y cuyo…
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