¿Puede el lector imaginarse algo mas difícil que entrevistar a una compositora finlandesa? Tan escuetos son los compatriotas de Sibelius que ellos mismos han inventado esa broma de los finlandeses sentados a comer. Luego que dos de ellos han proferido un conciso elogio a la comida, un tercero exclama irritado: “¡lo siento, a mi me invitaron a comer, no a hablar!”.
Tampoco la espigada y sobria compositora Kaija Saariaho pareció dispuesta a hablar demasiado en su charla con Peter Sellars antes del estreno londinense de su Pasión de Simone, y cuando habló lo hizo con la precisión con que escribe sus partituras. “Cuando decidió morir por inanición en un hospital de Londres en 1943 en solidaridad con las victimas de campos de concentración, Simone Weil tenía 34 años, uno más que Cristo y uno menos que Mozart”, dijo Saariaho. “Y me impresiona…
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