Posiblemente, la Tercera de Mahler sea una de las sinfonías más vanidosas de cuantas se han escrito nunca, si no la que más: la orquesta empleada fue la más mastodóntica hasta la fecha (1896); la partitura requiere, además, una cantante solista, un coro femenino y otro de niños; Mahler se metió en berenjenales programáticos para predicar la comunión con ruedas de molino acerca de la universalidad (por cósmica y omnicomprensiva) de la forma sinfónica; Nietzsche y su ‘Superhombre’ aparecen por el medio para añadir complicación al asunto; y encima la cosa dura algo más de hora y media. También la Lucerne Festival Orchestra es, sin ninguna duda, una de las orquestas más vanidosas de la actualidad. Aunque su núcleo es el de la Mahler Chamber Orchestra, ese núcleo representa apenas un tercio de los músicos que se presentaron esta noche, siendo…
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