La Chamber Orchestra of Europe irrumpió con fuerza en el panorama musical en el momento de su fundación (1981), gracias al doble impulso sinfónico y operístico de Claudio Abbado y a las correspondientes grabaciones discográficas -ahí están y ahí permanecerán su Schubert y su Rossini (DG), sin ir más lejos-. Su siguiente momento de gloria vino de la mano de Nikolaus Harnoncourt y su integral beethoveniana (Warner). Y, en lo que hoy nos interesa, no podemos olvidar los ciclos de sinfonías de Brahms y de Sibelius con el gran Paavo Berglund (Ondine).En efecto, esas dos colecciones demostraron que una orquesta de cámara como ésta no se arredra ante el repertorio tradicionalmente reservado a sus hermanas sinfónicas o filarmónicas. Y lo mismo cabe decir respecto de lo que se escuchó esta noche: Mi Patria parece un territorio exclusivamente…
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