Hacía bastante tiempo que no me retiraba tan satisfecho de una sala de conciertos. Por un lado, porque había tenido la oportunidad de conocer un ámbito nuevo y muy apropiado para escuchar música, el construido por la Comunidad Judía Masortí (conservadora) que sirve a la vez como Templo y Auditorio. Tiene una muy buena acústica, cómodas butacas y una capacidad que, de acuerdo con las expectativas del evento, puede ser de 450 u 850 localidades.
Ha comenzado a funcionar como sede regular de ciclos musicales en 2006, pero ya han pasado por su escenario nombres muy importantes, como los de Shlomo Mintz, Pinchas Zukerman o Gidon Kremer más algunos conjuntos locales, como la Sinfónica Nacional o la Camerata Bariloche. En una ciudad como Buenos Aires donde son escasas las localizaciones aptas para las actividades artísticas -más ahora con el…
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