Podrá uno estar en más o menos desacuerdo con el trasfondo intelectual, político o social que movió a Daniel Barenboim y a Edward Saïd a emprender este proyecto; y se podrá poner en entredicho alguno de los postulados extramusicales que ambos han defendido desde entonces; pero no cabe ninguna duda de que la idea de hacer una orquesta que reúna a músicos jóvenes procedentes de todas las partes en conflicto (además de músicos españoles, que es de donde sale buena parte del dinero para el proyecto) es algo intrínsecamente bueno, teniendo en cuenta que el único conjunto estable de la zona en muchos países a la redonda es la Filarmónica de Israel.Y ciertamente, desde el punto de vista musical los resultados no pueden ser mejores. Los cien instrumentistas que componen la Orquesta del Diván han aprendido en estos años los modos de su maestro, y…
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