Cuando en septiembre de 2004 Mariss Jansons tomó posesión de la titularidad musical en la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, eligió como plato fuerte para la ocasión Ein Heldenleben de Richard Strauss. Comparada con la de los grandes directores straussianos, aquella interpretación me pareció un tanto blanda de concepto, aunque muy efectiva desde el punto de vista sinfónico, y muy astuta desde la óptica directorial: Jansons sabe que, mal manejada, la enorme orquesta de Strauss se le puede venir encima y aplastarle sin remedio, de modo que optó por no cargar las tintas.Esta noche hizo exactamente lo mismo con el Zarathustra. A Jansons ni por asomo se le ocurrió plantear ‘galácticamente’ la archiconocida introducción, sino que la hizo ligerita (nada de timbales apocalípticos ni trompetas de Jericó), pero con una respuesta orquestal…
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