Dos curiosidades visuales me llamaron la atención antes de empezar el concierto: por una parte, James Levine dispuso su orquesta totalmente a ras de escenario (es decir, todos a la misma altura, desde el concertino hasta la tuba); por otra parte, Levine dirige sentado en una silla apoyada en una tarima que, por su aspecto y ranciedad, debe ser la que usaba el mismísimo Sergei Kussevitzky. Lo primero tiene alguna trascendencia sonora, pues la madera queda un tanto apagada en medio del mar de cuerdas y fanfarria; y lo segundo también, porque el programa de esta noche tiene mucho que ver con la historia de la Orquesta Sinfónica de Boston y con el famoso antecesor de Levine.Las Three Places in New England se refieren a sendas imágenes relacionadas directa o indirectamente con la ciudad de Boston, las dos primeras con sabor militar y la…
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