Todos los melómanos hemos experimentado alguna vez esa incómoda sensación de sabernos ligeramente aburridos en un concierto en el que, a priori, todo funciona correctamente: el programa es agradable, los músicos de calidad, la interpretación meritoria pero, y lo que es peor, sin saber por qué, el espíritu no responde con entusiasmo a lo que nos llega a través de los oídos. ¿Quizá se trate de cansancio? ¿De inapetencia? ¿Problemas derivados de la predisposición personal de cada cual, o una razón más profunda e inasible?Esta situación fue la que se me planteó durante la actuación ofrecida en San Sebastián por La Stagione Frankfurt que dirige el flautista Michael Schneider, preludio de las citas de la misma formación con el Palau de Valencia y la Semana de Música Religiosa de Cuenca. La Stagione es un buen conjunto barroco, formado por…
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