Habría que esperar hasta el día uno para ver en condiciones a Valery Gergiev y a sus chicos del Mariinsky porque, desde luego, este concierto dedicado a tres compositores rusos no alcanzó un mínimo aceptable y puede encuadrarse dentro de la categoría vulgarmente conocida como 'bolo'.Para la interpretación de las tres obras se necesitaba destacar el colorido orquestal, mantener la tensión del fraseo y matizar con detalles unas interpretaciones que, al menos, debieron ser contundentes en conjunto. En el concierto de Gergiev no hubo nada de esto.En primer lugar falló la Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo y lo hizo por su espantoso sonido. Los metales desafinan muy llamativamente, las maderas son incapaces de ofrecer un sonido dulce y las cuerdas se muestran desconjuntadas. Podía escucharse desde la fila cinco del patio de…
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