Uno no descubre a Brendel a estas alturas. En realidad, uno no tendría que hacer crítica. Hay quien siempre le ha dirigido algunas ‘reservas’, o sobre su ‘filología’ heterodoxa o sobre su ‘objetividad’ excesiva. No me encuentro en ninguno de los dos casos, y cuando de todos modos uno se encuentra ante este prodigio de memoria y de ‘respiración en la música’, con una técnica aún imponente (si algún extremo agudo resulta algo duro o áspero, la música lo permite perfectamente), sólo cabe, como diría la ‘Electra’ straussiana, el silencio y bailar.Por fortuna, y al parecer después de los últimos excesos de ruidos del público, el Palais ahora pide antes de comenzar no sólo que se apaguen los celulares, sino también que se abstenga en lo posible de toser o estornudar, sobre todo cuando en la velada hay un artista tan sensible a estas…
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