Entre los muchos prejuicios que circulan por la Europa continental sobre Gran Bretaña, no se cuenta el decir que los británicos no tienen sentido del humor. En la isla se come mal y se usa poco la ducha, dicen en el continente, pero también se ríe bastante. El humor inglés se percibe como una mezcla de chabacanería e intelectualismo. Los Monty Python, paradigmáticos de la comedia británica, han probado una vez más que así es con su musical Spamalot, que triunfa noche tras noche en el Palace Theatre de Londres. Junto con vulgares escenas de brazos y piernas cortadas, hay bromas muy sofisticadas sobre historia, religión y sobre la naturaleza del musical como género. De su sátira no se libran ni los fuertes ni los débiles, y así se hace un repaso a los caballos de batalla del humor inglés: la lucha de clases, la homosexualidad, la religión…
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