La música de cámara de Ravel, tiene particularidades que la distinguen sin duda de otras expresiones de género similar. Su manejo deslumbrante de sonoridades, timbres especiales, oposición de cuerdas percutidas contra cuerdas frotadas, etc. no pueden tener como resultado otra cosa que páginas de singular atractivo. Su único cuarteto de cuerdas exhibe todo lo mencionado y más. Es una obra maestra que requiere más de una audición para ser apreciada en su totalidad. Está escrito para virtuosos, sin olvidar el requerimiento melódico y una construcción de indudable belleza. Por ejemplo, el primer tema es una cuasi fantasia a la que vuelve de manera reiterada explotando su llegada directa a la comprensión intelectual. A lo largo de sus cuatro movimientos va pasando por ritmos de 6/8, 3/4, 5/8 que usa no solo para mantener la tensión del oyente…
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