Con una sala repleta y gente en los pasillos, como muestra de la envidiable comunicación que a través de seis años, como titular de la orquesta salteña, supo despertar el maestro Izcaray, recibido con una poderosa ovación, se inició el concierto con la conocidísima sinfonía que Mozart dedicara al pueblo de Praga atento a los homenajes, invitaciones, encargos musicales y honras que recibiera en la capital checa durante las semanas en las que estuvo, luego de presentar allí su ópera Las Bodas de Fígaro que en su estreno no fue bien recibida en Viena pero que en Praga tuvo un éxito descomunal. La sinfonía mozartiana es bastante particular por un sinnúmero de razones. Tiene tres movimientos, carece del consabido minué de la época, su introducción es lenta, hecho no común en las sinfonías de Mozart, hay una rítmica vitalidad en sus…
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