Nada que uno diga de Sir John Falstaff corre el riesgo de resultar exagerado. Escapado de las páginas de Shakespeare, que tuvo que incluirlo una y otra vez en sus obras a petición real y popular, este viejo panzón, ácrata y sinvergüenza, se las ha arreglado desde su nacimiento para tener vida propia. Sin entrar en listados, y aparte de su pasado glorioso, el obsceno barrigón ha dado lugar a Campanadas a medianoche, de Orson Welles, una de las obras mayores del arte de todos los tiempos, de las que nos dicen sobre nosotros mismos cosas que ignorábamos conocer. Sólo por ello merecería estar en los altares el singular tragón, pero ya antes el odre de grasa se había colado en un mundo tan ajeno como la ópera italiana para organizarle a un viejo campesino gruñón la mejor fiesta de despedida que pueda imaginarse, esa rara maravilla con que…
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