En los tiempos de Mozart y hasta la era romántica, las ganas de reescuchar en casa propia obras oídas en un concierto público eran tan grandes como hoy día, pero evidentemente no había tecnología para conseguirlo, y por lo tanto las transcripciones -mayormente para piano- estaban a la orden del día. Esta vez, un músico de la época post-mozartiana, gran admirador de su música, se encargó de confeccionar una trascripción para cuarteto de cuerdas, para lo cual tuvo naturalmente en cuenta el sonido que tal agrupación producía entonces, con cuerdas de tripa y arcos de la época. Y es así que tenemos la enorme suerte de escuchar una versión HIP (historically informed performance = versión históricamente informada), con la ventaja que los intérpretes hicieron además una revisión de la trascripción, enriqueciéndola con voces interiores…
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