Cuando hace cuarenta años vi mi primer Julio César aún se lo podía considerar ‘raro’, si no desaparecido. Hoy -el Met es un buen barómetro- ha entrado en el repertorio otra vez y no parece que vaya a desaparecer (no será tal vez una obra ‘popular’ -el Met también sirve de indicador en eso- pero sí apreciada y frecuentada). Aunque haya tantos otros títulos de Haendel que merecerían su misma suerte…
Lo más importante fue que la parte orquestal resultara sobresaliente, tanto por el conjunto como por su director, que en el barroco encuentra su terreno de elección, al que debería atenerse estrictamente (no es ninguna limitación; mejor hacer un título barroco raro o conocido más que un Rossini cuestionable o un Mozart no mejor, y sí peor, que el de algunos). Los matices, el entusiasmo, la calidad del sonido, la afinación de los difíciles…
Comentarios