Raramente vuela una voz tan bella en una atmósfera tan propicia. En un recital de alto nivel, el Wigmore Hall, desde comienzos del siglo XX refugio por excelencia de la música de cámara en Londres, enlistó a Soila Isokoski junto a una pléyade de cantantes, desde Elisabeth Schwarzkopf y Victoria de los Angeles hasta Brigitte Fassbaender, Olaf Bär, Cecilia Bartoli, Thomas Hampson y Margaret Price. Bajo la maravillosa cúpula de mosaico y estucado con la alegoría de una prerrafaelita “alma de la música”, una Isokoski vestida en fulgurante rojo inauguró su recital con canciones de Grieg acompañadas con expansivo y relajado lirismo por su compatriota Marita Viitasalo (en azul, de pies a cabeza). Isokoski abrió ‘Gruss’ con meditativa sobriedad, bien de acuerdo a la insinuación del poema de Heine de una pequeña canción primaveral sentida primero…
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