El Palais des Beaux Arts (convertido en ‘Bozar’, por eso de la modernidad lingüística) presentó este concierto en la pequeña y adecuada iglesia que desbordaba de público. Cuando se ha oído ya a Jaroussky no hay de qué asombrarse. El joven contratenor francés es una figura rutilante a sus veintinueve años y lo demostró a cada paso, además de derrochar juventud, frescura y una actitud de quien verdaderamente ama lo que hace y cree en ello (cuando además se lo hace tan bien, uno está ante un privilegiado y agradece compartir algunos momentos con él). Con el autor elegido, además, no sólo el éxito era seguro, sino que el nivel estaba asegurado. La ejecución de Jaroussky fue una verdadera recreación ya fuera en la larga cantata de la primera parte (de la época ‘romana’), que muestra toda la artillería que desplegaría Haendel luego, ya en las…
Comentarios