Es comúnmente reconocido que el punto de inflexión hacia la plena madurez Donizetti lo dio con Anna Bolena (1830), tras la cual su mentor, Simone Mayr, le concedió el título de maestro. En consecuencia, la exploración del catálogo donizettiano se ha centrado en las obras posteriores, asumiendo que los inicios eran poco interesantes por inmaduros e inciertos en la búsqueda de un estilo propio, más allá de curiosidades como Zoraide di Granata (1822) de estructura tan rossiniana (presente en el catálogo de Opera Rara, ORC17), o la acción trágico-sacra Il diluvio universale (ORC31), estrenada ese mismo 1830. Cuando tuve la ocasión de comentar este último lanzamiento (Mundoclasico.com 31.10.2006) hacía hincapié en las novedades que aportaba la partitura. Mucho más interesante se revela ahora esta Imelda de’ Lambertazzi, inmediata antecesora…
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