Esencial a cualquier concierto de Jurowski es la infaltable y coherente interrelación de obras en el programa. Nada extraño, pues, que como preludio a las críticas evocaciones londinenses del comienzo de la guerra en Irak, el moscovita propusiera dos obras que nunca habrían sido escritas sin dos conflictos bélicos que los británicos insisten en seguir rememorando como si hubieran terminado ayer. En el Concierto de Ravel, la magnifica respuesta de un mutilado a los horrores de la primera guerra fue recreada por Jean-Yves Tibaudet con exaltada brillantez y variedad de color en la prolongada cadenza final, y una incisiva y genialmente introvertida percusión del tiempo de marcha final, gracias a lo cual la premura irresistible del ritmo no impidió la ironía, el jazz y esa tenue sensualidad tan característica de esta partitura. Jurowski abrió…
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