A pesar de la precipitación en su preparación, mereció la pena el viaje a Madrid para asistir a la entrega del premio Tomás Luis de Victoria de composición que el pasado viernes en el Auditorio Nacional otorgó la Sociedad General de Autores y Editores a Celso Garrido–Lecca. Mereció la pena porque se estaba premiando la obra de un compositor de verdad, dotado de técnica y sabedor a lo largo de toda su trayectoria de las necesidades y exigencias del público. Lejos está la creación de Garrido–Lecca del trabajo realizado por tantos otros autores que habitualmente reciben premios estatales por una labor no valorada por nadie (miento, quizás valorada por tantos diarios de tirada nacional que no han atendido a la entrega de tan importante galardón).Juan Gil, en unas espléndidas notas al programa editadas por el Festival Mozart de La Coruña…
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