La rara ópera de Rossini lo es por los préstamos de que está compuesta y por la dificultad de encontrar una protagonista y dos tenores de excepción. Aquí parecían reunirse todas las condiciones -además de la forma de concierto, que nos alejaba de otros peligros-, pero Anna Caterina Antonacci llegó sólo al primer ensayo para comprobar que no se encontraba en condiciones. Naturalmente, fue mejor así, pero no la solución que se le dio al problema. Ciertamente, no hay muchas cantantes que puedan cantar la parte, y aún menos que la conozcan, pero Krull no sólo carece de cualquier registro definido, sino que su extensión es limitada, su volumen exiguo y además pretende actuar de un modo que hacía recordar a las rubias platinadas de los años treinta (pero Jean Harlow era mejor, y además no cantaba). En su cavatina de entrada -tomada en parte de…
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