Teatro lleno, éxito al punto de obtener tres propinas -siempre de Haendel, con una repetición, lo que reveló que no esperaba tener que hacer la tercera-, y con un entusiasmo desde el principio que aquí es raro hasta el final -cuando se trata precisamente de obtener ‘algo más’-. Y un concierto que será objeto de un disco, pero que sobre todo no viene demasiado cargado de publicidad o de interminables giras incluso en caravana como alguna colega que hace poco pasó por aquí. La idea de presentar distintos estadios del ‘furor’ -sin que sean siempre arias de agilidad o violencia, sino de meditación o de tristeza- según Haendel dio lugar a una exhibición de capacidad técnica, estilística, de dicción, de manejo del fiato, del legato, de dominio de las agilidades -trino comprendido, aunque siempre un poco rápido-, de sentido del texto y de la…
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