La existencia de una buena orquesta como la sinfónica local, abre la posibilidad de la visita de figuras prestigiosas no solo argentinas sino del exterior. En este caso se trataba del casi septuagenario pianista argentino Aldo Antognazzi, que llegaba con interesantes pergaminos. No voy hablar de nivel y tampoco voy a establecer comparaciones que a veces son ridículas o innecesarias. No tiene mayor importancia si el visitante está a la altura de Argerich, Rego -recientemente desaparecido- o Gelber; lo que sí importa es su solidez instrumental, su musicalidad, su virtuosismo, su sonoridad, su elegancia o su sobriedad. Esto es lo que fui a buscar y confieso que encontré estas cualidades aunque las mismas no fueron permanentes: por ejemplo, las desinteligencias con la orquesta en el primer espacio o el inseguro inicio del tercer movimiento…
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