Hay cierto tipo de iniciativas clasico-musicales a las que uno puede acudir escéptico y salir dando palmas con las orejas. Actos originales y provocativos como el reciente concierto para perros ofrecido en Vitoria, con el músico enjaulado ante los canes para invertir los papeles típicamente asignados en un zoológico, donde es el hombre quien observa al animal y no viceversa. Actos que buscan el público masivo pero que pueden resultar a veces de sorprendente calidad, como conciertos de música de cine en polideportivos, Carminas Buranas en plazas de toros y eventos por el estilo. Y también, y en cierto sentido los más controvertidos, actos heterogéneos, arriesgados y pelín desconcertantes como el juntar a Rocía Jurado con la Sinfónica de Bratislava o a los creadores del Pollo asao con ensalada con la Sinfónica de Euskadi.Es lógica la…
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