La próxima nota hablará de la cuarta sesión y de los ganadores y el orden. Aquí habrá que constatar algunas cosas: que los candidatos parecen a toda costa querer representar lo que cantan, sean canciones u oratorios, con resultados entre exagerados, excesivos, relamidos o grotescos (véase el gesto de dormir en el final del aria de ‘Leyla’ en Los pescadores de perlas, pero más aún los Mahler saltados y contorsionados por más de una finalista; la sonrisa casi permanente de la cantante coreana -salvo, por fortuna, en el final del primer acto de Traviata, aunque antes nos obsequió con las manos en plegaria cuando ‘Mimí’ dice ‘non vado sempre a messa’-). La segunda sesión llegó a ser soporífera por la falta de interés o por la falta de adecuación de los cantantes con los fragmentos elegidos. El tenor Haradzetski, que es muy interesante, bajó…
Comentarios