Si a día de hoy me preguntaran por un compositor del cual sería incapaz de predecir la estética, concepto o sentido de su próxima obra, creo que sin dudarlo un instante contestaría Mauricio Kagel. Tal es la libertad creativa de este iconoclasta nacido en Buenos Aires en 1931, que en las últimas décadas no ha dejado de sorprendernos con cada pieza que ha sacado de la chistera de su mágica concepción del arte y de la música; una chistera en la que conviven todos aquellos ingredientes que han conformado una personalidad compleja y una música a la par sugerente y desconcertante. En la obra del argentino se dan cita el romanticismo centroeuropeo de pura cepa, la canción popular, el teatro experimental, los recursos más extremos de la avantgarde, toda suerte de lenguajes de la posmodernidad, etc, etc, etc., en una personal y curiosa armonía.El…
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