Discos

Felicidades, amigo György

Paco Yáñez
jueves, 19 de junio de 2008
György Kurtág: ...concertante...; Zwiegespräch; Hipartita; Játékok. Hiromi Kikuchi, violín. Ken Hakii, viola. Márta y György Kurtág, piano. György Kurtág Jr, sintetizador. Keller Quartet. Hungarian National Philharmonic Orchestra. Zoltán Kocsis, director. Tamás Bognár, productor ejecutivo. Péter Dorozsmai, Adrian Patrascanu y Andreas Karlberger, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 103:29 minutos de duración grabados en la Academia Ferenc Liszt y en el Palacio de las Artes de Budapest (Hungría), entre los días 15 y 19 de febrero de 2006, y en la Konzerthaus de Viena (Austria), el 17 de noviembre de 2006. BMC CD 129. Distribuidor en España: Diverdi
0,0002103 Mayo del 2008 quedará en la memoria de los buenos aficionados a la música españoles, entre otras cosas, por el homenaje que Musicadhoy brindó al compositor húngaro György Kurtág (Lugos, 1926), y que se materializó en una serie de conciertos en torno a su obra de cámara, que contaron con su propia presencia y con la de su esposa al piano, así como con la colaboración de algunos de sus artistas más allegados, y con unas valiosísimas masterclasses de este verdadero ‘hombre música’ [ver reseña].

Este doble CD, que amablemente nos ha hecho llegar el sello húngaro BMC, recoge una serie de tomas provenientes de conciertos también dedicados a homenajear a Kurtág, en aquel caso con ocasión de su ochenta cumpleaños, que el mundo de la música celebró en 2006. Se abre esta selección con ...concertante... (2002-03, rev. 2006), para violín, viola y orquesta; interpretada aquí por los solistas a los que la composición está dedicada. El título de ...concertante... parece referirse, más que al proceso formal en sí, a la posibilidad de fundir dos mundos que en Kurtág confluyen de forma sinérgica e integrada, el de la música germánica y el de la música húngara, a través de dos presencias que, en mi opinión, sobrevuelan toda la obra de forma constante: la del Schönberg del opus 16 y la del Bartók de las Danzas populares. La primera la asociaría más al carácter estructural de la obra y al papel de los solistas, mientras que en la línea melódica orquestal aparecen ecos y reminiscencias de todo un mundo húngaro y popular quizás ya perdido, como memoria colectiva o como residuos de la memoria individual. Con todo, pasajes orquestales como los comprendidos entre los compases 213 y 254 también nos pueden recordar al Schönberg de la klangfarbenmelodie en su vertiente ‘kurtagiana’; mientras que todo el recorrido de la coda es un íntimo camino hacia al silencio, casi dando cierto carácter circular a la obra, como su disposición espacial.

La segunda pieza que nos encontramos es Zwiesgesprach (1999-2006...), para cuarteto de cuerda y sintetizador; un trabajo en proceso continuo de composición conjunto por parte de padre e hijo, y con el apoyo inestimable del Cuarteto Keller. Su importancia reside en que, como el propio György Kurtág Jr reconoce, esta composición muestra la diferente forma de concebir el sonido y la composición que ambos tienen, fruto de sus diversas evoluciones personales y resultado de dos generaciones con experiencias sustancialmente diferenciadas. Sus personalidades musicales se confrontan y dialogan en un intercambio de ideas y sensibilidades que funcionan a modo de gotas que caen en un estanque, provocando ondas y reverberaciones sonoras. Como reconoce el hijo del compositor, Zwiesgesprach está sometida a constante reformulación y recomposición, llegando al punto de que las últimas versiones dicen no tener nada en común con las originales, tal como las deformadas ondas que se expanden ya alejadas del punto exacto donde la gota primigenia activó el movimiento del fluido. La que aquí escuchamos, muestra dos ideas muy distintas, con un hijo más afín a la electrónica, al uso del espacio, del color y de los elementos dinámicos, y un padre más ascético y severo en su mirada, más profundo y fiel a un lenguaje que ya conocemos en sus obras para cuerda.

El segundo CD se abre con la Hipartita (2004), a cargo de la violinista que estrenó la partitura y a quien la pieza está dedicada: Hiromi Kikuchi. La japonesa es una de las más destacadas intérpretes de la música de Kurtág en la actualidad, y en este registro, como lo hizo en Madrid, toda su fantástica técnica y musicalidad se ponen de relieve en su ejecución de esta pieza para violín solo. Como en su día escribí, la Hipartita supone una suerte de ‘Kurtág buscando a Kurtág’, por cuanto se adentra en los rincones más personales y poéticos de sí mismo, refinando el lenguaje hasta extremos insospechados, al tiempo que cristalizando un discurso musical de corte totalmente concreto, en el cual parte de su producción previa resuena como ecos amplificados, por momentos tan sólo a partir del peso poético de breve una nota, de su carga melódica y dramática en el seno de un conjunto de relaciones de fuerte calado espiritual. Kikuchi muestra una afinidad y musicalidad pasmosa en los complejos resortes del violín kurtagiano, especialmente en el dominio de las dobles cuerdas y de los pasajes más virtuosísticos, a los que dota de un sentido que pasa de la desolación al drama, de la crispación al eco de lo popular en apenas unas notas. Su digitación es prodigiosa y el control del arco también magnífico, lo que ayuda a pulir cada pasaje para conformar estas ocho esculturas sonoras en las que se destilan universos conocidos y otros apenas intuidos.

El cierre de este doble CD no podía ser más acertado y entrañable, con el matrimonio Kurtág sentado frente a un piano vertical con supersordino para interpretar algunos de sus maravillosos Játékok (1973-2008, en progreso), del modo confidente y cálido que siempre lo hacen. De estos juegos musicales, los Kurtág se deciden para esta grabación por los más poéticos y dialogantes con un pasado del que se consideran directos herederos, con un nombre propio en su memoria musical: Johann Sebastian Bach. Sus temas se transforman en estas reconstrucciones a la par sugerentes que reveladoras de sus elementos constitutivos fundamentales. Se incluyen también piezas como Mihály András emlékére, que hasta donde yo sé no estaba grabada en CD y que supone una pequeña reducción de la obra orquestal Stele (1994), de una intensidad sobrecogedora; aunque he de decir que esta interpretación, como las del resto de los Játékok, siendo magníficas, no me suenan a la enorme altura musical y poética que escuchamos en su visita a Madrid, donde estas piezas se convirtieron en magia pura en manos de su creador, totalmente transubstanciado en música aquella tarde. Se incluyen, así mismo, varios bises, entre ellos la repetición del Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit, de la cantata Actus Tragicus de Bach, uno de los más bellos Játékok para cuatro manos.

Charlando el pasado 11 de mayo con el matrimonio Kurtág en Madrid, Márta me comentaba lo satisfechos que ambos estaban con esta edición a todos los niveles; satisfacción que creo deben conocer todos ustedes para que sepan hasta qué punto este doble CD cuenta con el visto bueno y con el entusiasmo de su compositor, además de con la supervisión artística y mezcla de György Kurtág Jr. La presentación es muy buena, con numerosas fotos y completos textos a cargo del hijo de Kurtág, así como con unas tomas sonoras también muy notables o excelentes, en el caso de Zwiesgesprach.

Este disco ha sido enviado para su recensión por BMC
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