Herbert Wernicke murió en 2002 y también su puesta vienesa de 1998 para I Vespri siciliani ha muerto. La reciente reposición de la Opera de Viena fue, pues, un acto de necrofilia artística no exento de peligrosidad para interpretes que debieron subir y bajar la empinadísima escalera que sirve de cuadro único mientras negociaban algunas de las más difíciles tesituras escritas por Verdi. Comencemos por la duquesa Elena, un personaje que Callas, bajo la dirección musical de Eric Kleiber, supo elevar a la categoría de los grandes personajes verdianos en uno de los Maggio Musicale Florentino de los años cincuenta. Sonia Radanovsky casi perdió el equilibrio dos veces, la última de ellas…si, imagina bien el lector, justo cuando bajaba coquetamente revoloteando sus faldas de novia, durante la introducción orquestal del bolero. La voz también…
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