Una vieja y conocida frase, muy habitual entre los músicos, dice que "no hay buenas o malas orquestas, sino buenos o malos directores". Escuchar en dos programas bien exigentes a la misma persona al frente de dos agrupaciones argentinas distintas en el plazo de pocos días me permite confirmar que ese dicho no es de aplicación universal. Quizás se puede emplear en el "primer mundo", donde casi todas las orquestas profesionales ostentan un nivel de excelencia equiparable, pero no sucede por estos lares, en el que los conjuntos pueden llegar a tener notorias diferencias de calidad.Los resultados que consiguió el veterano Franz-Paul Decker al frente de la Estable del Colón superaron holgadamente lo que una quincena atrás había obtenido en su concierto con la Filarmónica, al que me referí oportunamente en esta publicación (ver crítica). Debo…
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