Muchas veces he escuchado a la Royal Philharmonic Orchestra, una de ellas hace una año y medio en Santiago, pero por mal que toquen habitualmente, nunca la había escuchado en las condiciones de esta noche. La orquesta es mala, para qué vamos a andar con rodeos, y cuando se supera el acontecimiento toma el color de la catástrofe. Hubo momentos en pleno Berlioz en que costaba creer que aquellos músicos fuesen profesionales. Como crítico y como invitado mantengo un respetuoso silencio en las representaciones y conciertos; si hubiera pagado, me habría quedado afónico de abuchear. Hay cosas que no se pueden permitir y la Royal Philharmonic Orchestra superó todos los límites posibles. Probablemente nunca he escuchado a una orquesta sinfónica sonar peor y por Vigo, mi ciudad natal, pasan unas cuantas del este todos los años.Los metales afinan…
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