He de reconocer que soy de los que han llegado al pasado a partir del presente. Quizás tal vía no sea la cronológica, histórica o epistemológicamente más ortodoxa, pero otros criterios, como los principios pedagógicos, no dejan de repetirnos que hemos de partir de lo próximo para llegar a lo lejano, y para un servidor, como se podrán imaginar -y no creo que ello debiera ser lo inhabitual-, lo próximo es la música de hoy, el lenguaje de la contemporaneidad, la creación artística de nuestros días.De este modo, e invirtiendo el orden de las cosas en lo que a su aparición histórica se refiere, confieso haber escuchado primero el Requiem (1963-65) de György Ligeti que cualquiera de las obras de un autor que, después de haberlo conocido, nunca me ha abandonado (o yo a él; seamos precisos y justos), como es Johannes Ockeghem (1420-1497), uno de…
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