Críticos y musicólogos estirados dedicaron buena parte del siglo XX a escribir ácidas páginas sobre Richard Strauss. Para ellos no era lo suficientemente moderno. Tras componer sus óperas “oscuras”, Salomé y Electra, Strauss decidió componer lo que él llamaba irónicamente “óperas de Mozart”. La obsesión de la musicología del siglo XX con el progreso (o sea, con una visión teleológica de la historia según la cual aquellos cuyo lenguaje musical no era avanzado no merecían consideración) llevó a muchos a referirse a la música de Strauss como a-histórica y a él como un compositor del siglo XIX que escribió en el XX. Así, ignoraron a Strauss y con él a su virtud musical más moderna, la que lo ha hecho imponerse sobre otros compositores presuntamente más modernos, como Schonberg y Berg, cuyas óperas están más pasadas que las de Strauss y…
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