“Las personas no cambian; si acaso, las cambia el tiempo”. La sabiduría popular acierta casi siempre, y la música clásica no es una excepción. Ahí está el pasado y el presente de toda una leyenda como Maurizio Pollini para demostrarlo. En su fuero interno, desde luego, sigue siendo el mismo: programa de altísima dificultad, enfoque austero y sin concesiones, interpretación de máxima autoexigencia técnica. Pero el tiempo no pasa en balde para nadie, tampoco para él. Puede parecer una obviedad, pero conviene decirlo cuanto antes: la técnica de Pollini sigue siendo imponente, pero ya no es la que era: el mecanismo ya no es tan infalible, la precisión rítmica ya no es tan milimétrica, la gama dinámica ya no es tan amplia. A sus 66 años, el milanés sigue tocando a tumba abierta programas que provocarían pesadillas a otros pianistas solo de…
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