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Esta última semana de agosto, nuestro bienamado editor -quien no es proclive a asistir a cursos de verano- la dedica a reflexionar sobre las repercusiones de la crisis en la independencia de la siempre frágil prensa cultural.
Vuelven a revolotear los fantasmas de las subvenciones políticas, una forma escasamente sutil de censura, y nuestro bienamado editor ha decidido confrontar con el mar sus ideas. La mer, la mer, toujours recommencée.
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