Resulta una verdadera paradoja que, mientras los directores musicales se esfuerzan por ofrecer versiones cada vez más ajustadas a las ideas primigenias de los autores y para ello utilizan, como en este caso, las nuevas ediciones críticas realizadas por expertos en ese repertorio (en Barbero este trabajo estuvo a cargo de un equipo encabezado por Alberto Zedda, especialista en Rossini) quienes se ocupan de las puestas en escena parecen interesados en llevarles la contraria y contravenir en todo cuanto les es posible las indicaciones que en lo relativo a época, localización o características de los personajes hicieran quienes escribieron las obras originales, los que las adaptaron e incluso muchas veces los propios compositores. Se dio así la extraña incongruencia de una versión musical cuidada, respetuosa y pulcra mientras lo escénico…
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