Por alguna razón inextricable, Franz Welser-Most continua siendo, todavía hoy, una figura B de la dirección orquestal internacional. Ni sus aplaudidos cinco años al frente de la Sinfónica de Cleveland -que acaban de prorrogarse con otros diez más hasta 2018- ni su ejemplar labor como director principal y luego máximo responsable artístico de la Opera de Zúrich, ni tan siquiera su reciente elección como nuevo director artístico de la Opera Estatal de Viena parecen haber conseguido sacudirle su eterno sambenito de batuta segura, eficiente y, por extensión, un tanto gris.Lo escuchado en la Grosses Festspielhaus el pasado día 19, sin embargo, lleva a cuestionarse de inmediato lo artificioso y arbitrario que es el mundo del show-bussiness. Pongamos una orquesta como la de Cleveland, prototipo de orquesta americana a la vieja usanza: segura,…
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