Por muchos aplausos que se llevaran Leonard Bernstein y la Boston Symphony cuando el día 2 de diciembre de 1949 estrenaron la Sinfonía Turangalîla -encargo del incansable Serge Koussevitzky a Olivier Messiaen: “Escríbame una obra según su santa voluntad, y en el estilo que usted prefiera. De la longitud y con la instrumentación que desee. No le pongo ningún plazo para la entrega del trabajo.”-, seguro que no cosecharon, no ya las ovaciones atronadoras con las que el público de Lucerna recibió la obra esta noche, sino mucho menos los auténticos alaridos de aprobación sin fisuras que se profirieron en cuanto se extinguió el último y aplastante crescendo.No fue para menos. La interpretación que firmaron la Orquesta del Concertgebouw y Mariss Jansons (felizmente recuperado de los problemas de salud que le impidieron dirigir los primeros…
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