Fantástico Réquiem de Verdi el que se pudo escuchar en la Plaza de la Quintana de Santiago: todo, sin excepción, brilló como corresponde a las grandes noches de música. Michel Plasson convenció plenamente con su muy trabajada, madura y serena interpretación. Evitó riesgos dado el marco de que disponía --una gran plaza al aire libre-- y se preocupó por concertar. De esta manera, con los menores incidentes posibles derivados del ruido exterior que llegaba a la plaza, Plasson hizo un Réquiem muy sólido no exento de matices de intensidad, pero no especialmente dado al detalle.Contó para ello con una espléndida Sociedad Coral de Bilbao, afinada y poderosa, y con una orquesta del Capitolio de Toulouse que estaba transfigurada. Quién la ha visto y quién la ve: correcta afinación, bello sonido, ductilidad, metales pastosos. En fin, que se ha…
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