No conocí personalmente a Mauricio Kagel hasta este fatídico 2008 que, desgraciadamente, ha marcado el acorde conclusivo de su vida (humana). Cuando el pasado mes de mayo me reuní con él, en el marco de la última edición del Festival Mozart de A Coruña, debo reconocer que lo encontré muy envejecido y marcado por ese "devenir penoso de la ancianidad" del que horas más tarde me hablaría en la entrevista que juntos mantuvimos para este diario. Su paso era ya lento, inseguro, necesitado de ayuda; y me decía, con un dolor profundo del alma, que ya no veía ni oía bien, algo que le causaba una gran aflicción; limitaciones físicas, todas ellas, que nadie podría creer viéndolo ensayar tan sólo unos minutos antes en el Teatro Rosalía de Castro con el musikFabrik de Köln, el ensemble con el que más ha colaborado en los últimos años.En la que debió…
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